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Querida persona que lee,
Espero que en tu semana hayas podido encontrar algo que te hiciera bien.
Quiero hacerte un regalo, un poco como cuando el año pasado te regalé nomesientobien.com, el sitio que recopila las frases del final de mis correos con ilustraciones de Eliana Iñiguez.
El último mes no estuve muy bien.
En realidad, el último mes estuve muy mal. Y por momentos muy pero muy seriamente mal.
Pero a diferencia de otras veces, esta vez no quería ser la persona que está mal y que cada tanto se siente más o menos bien. Porque con los años pude encariñarme con la persona que en realidad puede estar más o menos bien todo el tiempo, y cada tanto se permite estar también un poco mal.
Sabés exactamente cómo es. De repente se posa la nube y pensás que en un rato se va así podés volver a meterte en el mar. Y la nube no se va. Para cuando te diste cuenta, también tenés al perro negro del que hablaba Churchill mirándote con cara de circunstancia y esto ya se convirtió en la fiesta del reencuentro de las metáforas para hablar de la depresión.
En algún momento a mí también me pasó eso de pensarme como quien en realidad es una bola de angustia con patas que cada tanto tiene un buen día. Porque es tan pero tan fácil responder algo así como: “Ese es mi secreto, Capitán. Siempre me siento mal”, parafraseando a Hulk. Y, sin embargo, no me queda claro qué tanto de eso es una distorsión.
En los últimos dos años pasaron un montón de cosas. Vos lo sabés, estuviste ahí. Y al mismo tiempo no sé exactamente qué pasó, pero en algún punto dejé de identificarme con nuestro Hulk imaginario, si pudiste seguir hasta acá mis retorcidas comparaciones. Es decir, en algún punto me afiancé en que puedo estar bien y en que un montón de cosas buenas pueden salir de ello.
Pero claro, cuando te sentís más o menos bien es fácil decirlo. Ya te quiero ver abrazando un almohadón un sábado a las tres de la tarde quedándote sin aire en la desesperación de no entender cuál es el sentido de todo esto, para de repente pensar analogías con superhéroes. No, claro. Por eso la tarea para sentirnos mejor cuando no nos sentimos bien es una que tenemos que cuidar antes de que eso pase.
En el medio tenemos que aprender a mirar, pero a mirar conscientemente. Tenemos que aprender a identificar lo que funciona y lo que no. Pero sobre todo cuál nos sirve como una “soga de escape” que nos permite salir de la cueva cuando nos abruma la oscuridad, como en algún videojuego de mi niñez.
Seguramente por accidente, como la mayoría de cosas interesantes, en estos años de escribir Cómo funcionan las cosas descubrí que a mí me hace muy bien intentar hacerle bien a otras personas. Porque creo que nunca pensé que yo pudiera lograr algo así, y porque es algo que puedo hacer sin pedirle permiso a nadie.
Me tomo muy en serio las cosas lindas que me dicen y trato de aprender de ellas. Por eso alcanzó con que un par de personas me dijeran que mis curiosidades de “y si en algún momento no te sentís bien” les cambiaron el aire para que las incorporara en cada correo que escribo desde hace años, y luego hiciera un sitio web para que estuvieran a mano.
Ese sí es mi secreto, querida persona que lee. En realidad yo no tengo mucha idea de cómo hacer sentir bien a las personas. Solo ponerlo en palabras lo deja en evidencia: es un desafío que involucra personas y emociones. No es que en el barrio me conocieran por ser especialmente ducho en cuestiones tales.
Y, sin embargo, acá estamos. Vivo de escribir una vez por semana acerca de cosas que llaman mi atención gracias a que muchas personas que leen se sienten bien cuando lo hacen. Como los protagonistas de alguna comedia tratando de arreglar un auto sin saber de mecánica, no tengo idea de cómo funciona pero lo que sea que esté haciendo está dando resultado.
Hace algunas semanas le escribí a algunas de las personas que más quiero preguntándoles qué les hacía sentir bien, porque yo quería sentirme bien también. Algunas me contestaron con sus propias ideas, otras nunca siquiera abrieron el mensaje, y otras se lo tomaron quizá demasiado en serio.
En mi mensaje les pedía si podían compartirme qué les funcionaba. Quizá fuera una serie, o un episodio de una serie, un libro, un disco, o incluso una canción. Tal vez fuera un jueguito, o incluso una persona, o fotos de algún animal en particular (humano o no humano). O tal vez fuera hacer algo, como cantar, o caminar, levantar pesas, saltar la soga, dibujar con crayones u ordenar libros.
No sé cuánto se había corrido la nube cuando envié mi mensaje, pero en mi desesperación quería descubrir si algo de lo que a ellas les funcionaba podría funcionarme a mí también.
Lo que descubrí es que si bien no hay recetas universales contra el malestar, hay algunas cosas que se vuelven lindas por el solo hecho de que alguien nos las comparta. Escuché música que no conocía, miré series rarísimas, y me abrí a tratar de estar bien a partir de otras personas. Solo saber que eso mismo le hizo bien a alguien más un poco replicó el efecto en mí.
Eso es lo que te quería compartir hoy, querida persona que lee.
28 días es una especie de newsletter al que te podés sumar — y bajar — en cualquier momento. Con solo tocar un botón recibís el primer correo y a partir de ese momento todos los días a la mañana te va a llegar una selección de cosas que quizá te hagan sentir mejor, durante 28 días.
Supuse que te preguntarías por qué 28 días, y no 5, o 14, o 365. Me encanta que te hagas muchas preguntas.
En principio, 28 por ciento de la superficie de la Tierra está cubierta por el Océano Pacífico, quizá ahí haya una explicación, aunque un poco barata. Y también 28 kilogramos son los que perdió Christian Bale para hacer el papel protagonista en The Machinist (2004), la mitad de lo que tuvo que ganar en músculo para luego hacer de Batman.
28 años, también, es lo que generalmente tarda el calendario en repetirse, y la cantidad de propiedades en venta que hay en el Monopoly.
Son 28 las familias de aves, algo que por supuesto las personas a las que les gustan mucho las aves les gusta discutir, y 28 minutos puede pasar una iguana bajo el agua.
En Genesis 1:1 hay 28 caracteres en hebreo, y viste que hay personas a las que las cuestiones bíblicas es como que les hacen cosquillas en algún lado muy extraño.
La gravedad del Sol es 28 veces la de la Tierra, y cuando cumplís 28 ya sabés que nunca vas a poder entrar en la misma categoría que Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison, Basquiat, Kurt Cobain y Amy Winehouse.
28 es un número perfecto.
Pero no perfecto en ese sentido en el que las personas que nos quieren nos lo pueden decir obviando nuestros más obvios defectos. 28 es un número natural que equivale a la suma de sus divisores propios.
Sobre todas las cosas, 28 días es un número que me parece digno de alcanzar.
Claro que no soy tan ingenuo como para proponer que el malestar se resuelve con un correo que todos los días te cuenta de cosas que te pueden hacer sentir bien. No tener suficiente tiempo — ni dinero — nos aqueja lo suficiente como para saber que el malestar prácticamente nunca es responsabilidad nuestra. Aunque una industria enorme se haya montado sobre la idea de que sentirse bien es algo que nos corresponde lograr y si no sucede fue nuestra culpa, de nada de eso se trata todo esto.
El malestar puede ser muy real, y no soy especialmente entusiasta de ninguna retórica que pone a la persona al centro de lo que le pasa. No es con fuerza de voluntad que se vence a una balanza inclinada ni a la desigualdad sistemática propia de esquemas de generación de riqueza cuyos pesos y contrapesos parecen ser una broma de mal gusto.
Tampoco creo que la manera de lidiar con nuestra salud mental sea leyendo este tipo de cosas, sino trabajando activamente al respecto, si hiciera falta, junto a una persona profesional de la salud mental. Cualquier otra cosa es cobarde y evasiva. Los problemas no se solucionan solos, a lo sumo se calcifican tanto que no los distinguimos más.
A pesar de todo esto, sí creo profundamente en el valor de compartir nuestras experiencias.
Como te dije en el primer correo que envié, en abril de 2017: “Creo que mucho dolor en la vida de las personas proviene de no abrirse y ser honestas sobre lo que realmente piensan, lo que realmente sienten, lo que les gusta, lo que no les gusta”, como alguna vez puso en palabras Pete Holmes.
28 días es un experimento. Es un juego. Es una colección de experiencias en torno a la búsqueda de bienestar cuando no nos parece posible. Es un recorrido personal, como lo son todas las cosas que hago. Es íntimo, e incluso puede que no cuente con todas las cosas que a vos te hacen bien.
Esa es mi invitación. Estas son las cosas que yo encontré que me pueden hacer sentir bien cuando no me siento bien. Quería compartirlas con vos con la ilusión de que quizá también, querida persona que lee, puedas en algún momento pensar en cuáles te hacen bien a vos.
Cuando no nos sentimos bien perdemos el interés en quienes somos, en lo que nos gusta, en quienes nos rodean, en cada pequeña cosita a nuestro alrededor.
Y cuando ya nada queda para distraernos nos consume el vacío que deja la ausencia de todo eso que alguna vez nos hizo abrir enormes los ojos, todo aquello que nos supo afianzar en la persona que somos.
Estas son solo algunas cosas que quizás te hagan sentir bien, y recordar que aunque a veces lo olvidemos, el mundo nunca deja de ser interesante y estar lleno de aventuras.
Ojalá logre hacerte sentir un poquito mejor.
Que tengas una hermosa semana,
Valentín
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Lo que leíste es solo una parte del correo enviado el 20 de junio de 2021.
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