Cómo funciona el miedo a la hoja en blanco

Qué lindo está el cielo. Los árboles del Botánico se ven particularmente lindos últimamente. No había notado las sutilezas de cada uno de los verdes que colman la ventana. Hoy es sábado, quizás por eso hay tanta gente en la vereda. Mirá cómo se mueve esa rama. ¿Dejaron una ventana abierta en ese edificio? Si llueve se va a mojar todo. ¿Quién se la habrá olvidado abierta?

Me falta café. Debe ser eso. Olvidamos lavar los platos. Mejor lo hago ahora antes de que se acumulen más. Hay que cambiar la bolsa del tacho de basura. ¿Ese cuadro siempre estuvo torcido? Mejor lo acomodo. ¿Y si hago ese agujero que tengo pendiente hace tanto tiempo? Voy a buscar el taladro. ¡Hay que cambiarle las piedritas a los gatos! Es un buen momento para poner ropa a lavar, aprovechando que todavía quedan algunas horas de sol para que la ropa se seque.

El café. Hay que moler café. Mientras prendo la cafetera para que vaya calentando la caldera. “Para ser escritor lo que tenés que hacer es escribir,” fue el único consejo que supo darme mi hermana cuando le pregunté cómo se hacía. Ella es escritora. O al menos escribió un par de libros. Debe saber, aunque suena bastante obvio. Ahora sólo tengo que lograr guardar el café molido en el frasco, volcando lo menos posible. Ya está lista la cafetera. Ya está listo el café. Me pregunto qué pensaba Ray Bradbury del café. Mejor lo busco en Google.

Se pelean los gatos. Voy a ir a verlos. Qué lindos que son. Les voy a sacar algunas fotos. ¡El café! Creo que había una anécdota de un tipo que cuando no lograba escribir se desnudaba. La voy a buscar. Thomas Wolfe, el novelista, eso era. Una noche, dispuesto a irse a dormir y frustrado por no encontrar la inspiración, se desnudó frente a una ventana en la habitación del hotel donde se quedaba. De pronto el cansancio se le había ido y se sentó a escribir hasta bien entrada la madrugada. Al día siguiente trató de descubrir qué había pasado y recordó que la noche anterior se había estado acariciando las partes íntimas “aunque no sexualmente” — según le contó a su editor — , hábito involuntario que traía desde la infancia y parecía ayudarlo a relajarse. No sé si me ayuda mucho la anécdota realmente.

También estaba Stravinsky, creo, que se paraba de cabeza para despejar la mente y descansar el cerebro. O Bradbury, de nuevo, que si no se sentía inspirado dejaba de escribir. Pero creo que ya es tarde, ya llevo como cuatrocientas palabras. Aunque su consejo en realidad era otro: hay que divertirse escribiendo, y si a nadie más le gusta, mal por ellos. Me pregunto si me estoy divirtiendo. Esto es distinto, me divierte. Y esta canción me encanta. Podría escribir sobre canciones que me encantan en algún momento. No sé qué hubiera pensado Bradbury de escribir acerca de canciones.

“Para saber qué vas a dibujar, tenés que ponerte a dibujar,” decía Picasso. Tengo que contarle a mi hermana que su consejo es un eco de lo que él decía. Otros autores hablan de la página en blanco como la infinitud de posibilidades, como una especie de vacío a ser llenado por nuestra inagotable creatividad. No sé si se referirán a mi creatividad, porque la mayor parte del tiempo no la siento tan inagotable. Más de una vez hasta pensé que ya está, me quedé sin ideas, finalmente. Por suerte se pasa.

Creo que era Stephen King que recomendaba aislarse lo más posible para encontrar la inspiración. Si hace falta cerrar las persianas y deshacerse de los muebles. Tal vez podría intentar sacar todo de la habitación, pero creo que Mayra me mata. Tengo que deshacerme de las distracciones, pero me temo que la mayor distracción es mi propia mente. Me pregunto cómo hace Stephen King para apagar esta voz que me propone calcular la cantidad de kilos de cereales y litros de yogur que necesitaría para sobrevivir durante un año si esa fuera mi única dieta. Me pregunto si el cálculo a él también le da 60 litros y 18 kilogramos, considerando cierta redundancia.

Un buen consejo es empezar a pensar en palabras y no en ideas, como decía Susan Sontag. Quizá el miedo que le tenemos a la hoja en blanco sea el miedo a no tener en claro lo que queremos decir, el miedo a las ideas que aún no terminamos de definir. No voy a temerle a las palabras entonces. Lo que más me gusta es editar. Pero para editar hay que tener sobre qué hacerlo. Según Picasso, Matisse hacía 5 copias borradores de sus obras antes de llegar a la forma final. Empiezo a pensar que la mejor manera de llegar al momento de editar es ponerme a escribir. No importa qué, eso ya es problema del editor. Esto es, será problema mío en un rato.

Cuando tenemos que escribir es cuando descubrimos que las cosas no están en su lugar, que hay ropa para doblar y platos para lavar, que estaría bueno barrer la habitación o que nunca nos pusimos a arreglar el cosito del coso ese que habíamos dejado pendiente la otra vez. Tenemos que escribir, y es por eso que tomamos un anotador y hacemos planes para la escritura. Listas de pendientes, estructuras, ideas. Mejor no escribir, todavía nos falta seguir investigando.

Supongo que gran parte del miedo a la hoja en blanco viene de la fama que tiene la creatividad de ser un poco mágica. Está ese mito de que la creatividad es exclusiva a los genios, o los artistas, o los extrovertidos, o los introvertidos, o simplemente las personas que se visten de manera rara. El asunto está en que para poder escribir tenemos que animarnos a arriesgar. Me pregunto si debería vestirme con más extravagancia o si estoy entendiendo todo mal. Luego de dos horas investigando el mejor consejo sigue siendo aquel del que partí: lo que hay que hacer es escribir.

Perfecto. Voy a escribir. Pero primero veamos si me respondieron en Twitter. Ay, qué divertido eso que me dijeron. Lo voy a retuitear.

Being A Writer” by Joey Guidone (CC BY-NC-ND 4.0)

Cómo funcionan las cosas es un proyecto sostenido por las personas que leen. Si querés sumarte a que el proyecto crezca, podés hacerlo por acá.

Lo que leíste es solo la mitad del correo enviado el 29 de octubre de 2017.
Si querés recibir «Cómo funcionan las cosas» todos los domingos, podés suscribirte
acá. Además, podés seguirme en Instagram, Facebook o Twitter.


Discusión