Cómo funciona ver a un amigo enamorarse

“Enamorarse es como saltar al vacío. Es como si saltaras desde tu propio planeta, para visitar el planeta de alguien más. Y cuando llegas ahí, te das cuenta de que todo es distinto: las flores, los animales, la ropa de las personas. Enamorarnos puede sorprendernos mucho, porque justo cuando creíamos que estaba todo perfecto en nuestro propio planeta — y quizá así era — , viene alguien y nos hace señales desde el espacio exterior. El problema es que la única forma de alcanzarle es dando un salto hacia el vacío. Y allá vamos, hacia la órbita de la otra persona hasta que después de un tiempo se vuelve sensato unir ambos planetas y formar un sistema planetario binario con centro de masa común equidistante o, en otras palabras, un hogar. Podemos llevarnos al perro, al gato, a los pececitos, al hámster, la colección de piedras e incluso nuestro catálogo de medias sin pareja. Podemos invitar a las personas que más queremos para que nos vengan a ver y hasta podemos leer nuestros cuentos preferidos antes de ir a dormir. Enamorarnos simplemente es ese salto gigantesco que tuvimos que hacer para estar con la persona de la que no nos queremos separar. No tiene mucha más ciencia que esa.

Eso sí: hay que ser muy valiente.”
 — Jeanette Winterson,
Big Questions From Little People… (2012)

La primera vez que Tomás me habló de María me contó que iban a ir en bicicleta al planetario. En realidad no fue la primera vez, pero fue una de las primeras veces. Está en el barrio de la primera vez, digamos.

Cuando pasó todo esto Tomás y yo nos veíamos casi todos los días y, a pesar de mi incapacidad marca registrada para reconocer las emociones ajenas, a él le tenía sacada la ficha. Abría la puerta, lo miraba a la cara y sabía si se había quedado hasta tarde con la PlayStation, si habían salido con Felipe o si se había acostado temprano. Es un poco la magia de aprender a conocer al otro.

A Tomás le gusta entusiasmarse. Tiene un gusto especial por el entusiasmo. Es una persona bastante manija, por decirlo de algún modo. “¡Pongámosle internet a una lámpara!” y vamos todos para allá, procurando no electrocutarnos. No se me ocurre una persona más creativa en este lado del planeta. Tendrías que ver lo que es su casa.

Me encantaría decir que cuando Tomás conoció a María algo cambió, pero no sé si la idea me convence. Más bien, creo que cuando Tomás conoció a María de algún modo se volvió más Tomás. Tomás a la décima potencia. Insoportablemente Tomás. Exactamente el Tomás que más nos gusta.

Algunas personas no ven la diferencia entre gustar de alguien y enamorarse. El novelista David Nicholls dice que la diferencia es la que hay entre resfriarse y engriparse. Aunque podemos resfriarnos todo el tiempo, una gripe ya es algo más serio. Algunas personas se viven convenciendo de que es gripe cuando sólo es un resfrío común. Otras, incluso, saben que sólo es un resfrío, pero se piden el día y tratan de hacernos creer que es una gripe.

Pero tal vez lo más lindo del amor de los amigos que queremos mucho es que con nosotros no lo pueden caretear. Conmigo no, decimos, incluso cuando les escuchamos esforzarse por hacer pasar una gripe por un resfrío. Cuando Tomás conoció a María, estrellando la metáfora, quedó de cama. Le cambió hasta el color de la piel y el tono de voz. Algunos de nosotros, en secreto, queríamos que nunca se curara.

Con Tomás me divierto mucho. Es como un hermano mayor. Cuando algo alrededor empieza a temblar, le pregunto a él. Tomás enciende un cigarrillo y te tira la posta. Él sabe y yo sé que no tiene la posta, pero es parte del juego. Una vez me dijo, por algún motivo, que — ahora más que nunca — era inmensa la importancia de decir gracias.

Y, como esas cosas que se te quedan en la cabeza durante casi cuatro años, se volvió algo en lo que pienso muy seguido. Por eso quería decirles gracias, a María y Tomás, por hacer todo esto. Como dijo el otro día el juez de paz, quizá demasiadas veces: nada los obliga a casarse. Nada los obliga a invitar a un montón de gente linda, y a mí, con el motivo de celebrar algo tan inmensamente bello y absurdo como lo es un casamiento.

A Tomás ya le dije gracias muchas veces, por ser la persona que es con todos nosotros. Por ser un campeón de internet, por enseñarme a tener ideas, por enseñarme a decir lo que quiero decir, sin miedo a lo que el otro pueda escuchar. Pero creo que nunca tuve oportunidad de decirle gracias a María, a quien le debemos esta versión de Tomás tan Tomás. Ver el despliegue de su aventura interplanetaria no ha sido más que un placer. Espero que Tomás también haga brotar lo mejor de vos, sin hacerte brotar.

En nuestras vidas podemos enamorarnos miles de veces. O, al menos, eso es lo que cree Chuck Klosterman, el ensayista. Pero hay ciertas personas que cuando nos enamoran hacen algo más: definen cómo va a sentirse el amor de ahí en más. Son, quizá, las personas más importantes que vamos a conocer en nuestras vidas. Se vuelven nuestra definición de lo que es amar, de lo que es gustar de alguien, de lo que es dar el salto hacia el abismo infinito con el deseo más puro por lograr aterrizar en el otro planeta.

Me hace feliz pensar en que cuando María y Tomás encontraron su propio rincón de la galaxia, también encontraron su propia definición de enamorarse.

“El amor es un doloroso, emotivo y conmovedor intento de dos personas imperfectas por intentar satisfacer las necesidades del otro en situaciones de brutal incertidumbre e ignorancia acerca de quiénes son y quién es la otra persona, que hacen lo mejor que pueden.”
 — 
Alain de Botton

C&H Pop-Up Wedding Invitation” by Li Dyin (CC BY-NC-ND 4.0)

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Lo que leíste es solo la mitad del correo enviado el 26 de noviembre de 2017. 
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